Adulterio

‣ Sermón del Monte 09 | Lluvia de pasajes

1. Causa de infidelidad (ervat davar)

Mateo 5:31-32 ‣ 31 «También se dijo: “cualquiera que repudie a su mujer, que le dé carta de divorcio”. 32 Pero yo les digo que todo el que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de infidelidad (*), la hace cometer adulterio; y cualquiera que se casa con una mujer divorciada, comete adulterio».

(*) «Causa de infidelidad». La palabra traducida «infidelidad» en griego es «porneia», significa «inmoralidad sexual». La expresión «causa de infidelidad» es la misma expresión «algo reprochable» registrada en el siguiente pasaje de la Toráh:

Deuteronomio 24:1-4 — 1 «Cuando alguien toma una mujer y se casa con ella, si sucede que no le es agradable porque ha encontrado algo reprochable (*) en ella, y le escribe certificado de divorcio, lo pone en su mano y la despide de su casa, 2 y ella sale de su casa y llega a ser mujer de otro hombre; 3 si el segundo marido la aborrece y le escribe certificado de divorcio, lo pone en su mano y la despide de su casa, o si muere este último marido que la tomó para ser su mujer, 4 al primer marido que la despidió no le es permitido tomarla nuevamente como mujer, porque ha sido despreciada; pues eso es abominación ante el Señor. No traerás pecado sobre la tierra que el Señor tu Dios te da por heredad».

(*) «Algo reprochable» — En hebreo «ervat davar». La palabra «ervat» significa «inmoralidad sexual», es la misma palabra traducida usualmente como «desnudez» en Levítico 18.

2. La dureza de su corazón

Mateo 19:3-12 — 3 Y se acercaron a él algunos fariseos para ponerlo a prueba, diciendo: «¿Le está permitido a un hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?». 4 Jesús les respondió: «¿No han leído que aquel que los creó, desde el principio los hizo varón y hembra, 5 y dijo: “Por esta razón el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”? 6 Así que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe». 7 Ellos le dijeron: «Entonces, ¿por qué mandó Moisés darle carta de divorcio y repudiarla?». 8 Él les contestó: «Por la dureza de su corazón Moisés les permitió a ustedes divorciarse de sus mujeres; pero no ha sido así desde el principio. 9 Pero yo les digo que cualquiera que se divorcie de su mujer, salvo por infidelidad, y se case con otra, comete adulterio».

«La dureza de su corazón» se refiere a la forma en que los fariseos interpretaron el siguiente pasaje de la Toráh:

Deuteronomio 24:1-4 — 1 «Cuando alguien toma una mujer y se casa con ella, si sucede que no le es agradable porque ha encontrado algo reprochable en ella, y le escribe certificado de divorcio, lo pone en su mano y la despide de su casa» (...)

Había dos escuelas principales de fariseos en la época de Yeshúa con diferentes interpretaciones del texto bíblico (según el texto judío Mishnáh Guitin 9:10):

a) Escuela de Shammai: “La escuela de Shammai dice: Un hombre no debe divorciar a su esposa a menos que haya encontrado en ella algo deshonroso, como está dicho: ‘Porque ha hallado en ella alguna cosa indecente’”.

Shammai entendía que «ervat davar» se refería exclusivamente a una transgresión sexual grave, aunque no necesariamente adulterio (que ya tenía pena capital).

b) Escuela de Hillel: “La escuela de Hillel dice: Incluso si ella ha quemado su comida, él puede divorciarla, porque está dicho: ‘Porque ha hallado en ella alguna cosa indecente’”. Otras razones eran: que hablara mal de los suegros o que su apariencia no fuera atractiva.

Rabino Akiva, discípulo tardío de Hillel, añadió: “Incluso si encuentra a otra mujer más atractiva que ella”.

Esta interpretación trivializó el divorcio y lo volvió común incluso por razones superficiales.

En resumen, con la frase: «por la dureza de su corazón Moisés les permitió a ustedes divorciarse de sus mujeres», Yeshúa le está señalando a los fariseos que la dureza de sus corazones hizo que usaran a Moisés (la Toráh) para hacer algo que, de hecho, no estaba permitido: divorciarse por cualquier motivo. Está reprochando la interpretación que le estaban dando los de la escuela de Hillel a la expresión «algo reprochable» (ervat davar) de Deuteronomio 21:1-4 que, sin lugar a dudas, se refiere a inmoralidad sexual. Para fundamentar su crítica Yeshúa explica que desde el principio, el libro de Génesis, está escrito que el ser humano fue creado hombre y mujer (Génesis 1:27) y que «por esta razón el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne» (Génesis 2:21-24).

3. Eunucos por causa del Reino

Habiéndole explicado a sus discípulos que no se podían divorciar (salvo pecado sexual), se produce la siguiente réplica:

Mateo 19:10 — Los discípulos le dijeron: «Si así es la relación del hombre con su mujer, no conviene casarse».

A lo que el Mesías, respondió maravillosamente:

Mateo 19:11-12 — Jesús les dijo: «No todos pueden aceptar este precepto, sino solo aquellos a quienes les ha sido dado. 12 Porque hay eunucos que nacieron así desde el seno de su madre, y hay eunucos que fueron hechos eunucos por los hombres, y también hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que pueda aceptar esto, que lo acepte».

Un eunuco es un hombre castrado. Yeshúa le había dicho sus discípulos que, si un ojo o un brazo les era causa de pecar, que lo arrancaran de su cuerpo. Obviamente esta enseñanza es una hipérbole. Yeshúa no estaba enseñando que debamos mutilarnos sino que debemos quitar de nuestras vidas cualquier cosa que nos arrastre al pecado, sin importar el costo o el dolor que ello nos pueda causar. Tomando esta idea en cuenta, cuando sus discípulos replicaron que era mejor no casarse, estaban insinuando que era mejor el concubinato. Pero Yeshúa quita de raíz este argumento señalando que la alternativa era, en un sentido espiritual, arrancarse los genitales, es decir, el celibato. En otras palabras, los discípulos de Yeshúa tienen dos opciones: matrimonio o celibato.

4. El caso de un casado converso

En el caso de que una persona casada entre en pacto pero su cónyuge no, el apóstol Pablo da instrucciones precisas:

1 Corintios 7:12-16 — 12 Pero a los demás digo yo, no el Señor, que si un hermano tiene una mujer que no es creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. 13 Y la mujer cuyo marido no es creyente, y él consiente en vivir con ella, no abandone a su marido. 14 Porque el marido que no es creyente es santificado por medio de su mujer; y la mujer que no es creyente es santificada por medio de su marido creyente. De otra manera sus hijos serían inmundos, pero ahora son santos. 15 Sin embargo, si el que no es creyente se separa, que se separe. En tales casos el hermano o la hermana no están obligados, sino que Dios nos ha llamado para vivir en paz. 16 Pues ¿cómo sabes tú, mujer, si salvarás a tu marido? ¿O cómo sabes tú, marido, si salvarás a tu mujer?

«Y ella consiente» — El cónyuge no creyente debe consentir vivir con un creyente, porque se entiende que en el hogar se guardarán los mandamientos, es decir, se comerá kosher, se guardará el shabat, se ayunará en Yom Kipur, etc. Esto requerirá que el cónyuge no creyente «consienta» en guardar los mandamientos en el contexto del hogar, incluyendo la forma en que se relaciona con su mujer y la forma en que los hijos serán educados. Si el cónyuge está de acuerdo, no es necesario que el hermano o la hermano se separen. Se entiende que si no consiente el camino es la separación.

«Porque el marido que no es creyente es santificado por medio de su mujer» — A causa de haber consentido, la hermana creyente «santifica» a su marido por medio de hacerlo guardar los mandamientos en el hogar. El hombre comerá kosher, ayunará en Yom Kipur, se abstendrá de levadura en HaMatzot, etc.

«De otra manera sus hijos serían inmundos, pero ahora son santos» — Como consecuencia del acuerdo de guardar la Toráh en el hogar, los hijos crecerán en el camino de la emunáh, santificados en los mandamientos del Eterno.

«Si el que no es creyente se separa, que se separe» — Si el cónyuge no creyente no acepta guardar la Toráh en el contexto del hogar, entonces el camino es la separación.

5. El matrimonio con gentil

El caso anterior se aplica a alguien que llega a la emunáh ya casado con un gentil, porque para un discípulo casarse con un gentil está claramente prohibido por la Toráh. Obviamente establecer cualquier tipo de relación romántica también está prohibido.

Deuteronomio 7:3-4 — 3 «Además, no emparentarás con ellos. No darás tu hija a su hijo ni tomarás su hija para tu hijo. 4 Porque ellos apartarán a tu hijo de seguirme para servir a otros dioses. Entonces se encenderá la ira del Señor contra ustedes y Él pronto los destruirá».

Éxodo 34:15-16 — 15 «No hagas pacto con los habitantes de aquella tierra, no sea que cuando se prostituyan con sus dioses y les ofrezcan sacrificios, tú comas de esos sacrificios, 16 y tomes de sus hijas para tus hijos, y sus hijas se prostituyan con sus dioses y hagan que tus hijos también se prostituyan con sus dioses».

Esdras 9:1-2 — «El pueblo de Israel y los sacerdotes y levitas no se han separado de los pueblos de estas tierras, sino que han hecho conforme a sus prácticas detestables… Porque han tomado mujeres de entre sus hijas para sí y para sus hijos, y la descendencia santa se ha mezclado con los pueblos de estas tierras».

2 Corintios 6:14-15 — 14 «No estén unidos en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué asociación tiene la justicia con la iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblas? 15 ¿Qué armonía tiene el Mesías con Belial? ¿O qué tiene en común un creyente con un incrédulo?»

En el momento en que una persona en pacto abre la puerta para establecer una relación romántica con una persona que no está en pacto, está transgrediendo la Toráh y está saliendo del camino para dejarse arrastrar, voluntariamente, por su propio corazón.