DE LA PIEDRA AL CORAZÓN

Hoy es el día 47 de la cuenta del omer. Ayer revisamos un aspecto de Shavuot: el aniversario de la entrega de la Toráh en el monte Sinaí. Hoy quiero revisar una conexión muy significativa entre lo que ocurrió en el Sinaí y lo que ocurrió en Jerusalén el día que el espíritu de santidad descendió sobre los discípulos de Yeshúa.

«Además, les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes; quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Pondré dentro de ustedes mi espíritu y para que anden en mis estatutos, y que cumplan cuidadosamente mis ordenanzas». — Ezequiel 36:26-27

De la piedra al corazón

El capítulo 2 del libro de los Hechos está escrito en código sinaítico y cualquier discípulo familiarizado con la Toráh lo puede reconocer de inmediato, veamos:

En el Sinaí, el monte humeaba porque el Eterno había descendido sobre él en fuego (Éxodo 19:18), en Hechos 2, aparecen lenguas como de fuego sobre cada uno de los discípulos.

En el Sinaí hubo truenos y un sonido poderoso de shofar, en Hechos 2 vino del cielo un estruendo como de viento recio (y recuerda que la palabra hebrea “rúaj” traducida como “espíritu” literalmente significa “viento”).

Un dato asombroso es que, según una tradición hebrea muy antigua, cuando el Eterno entregó la Toráh en el Sinaí, su voz se dividió en setenta lenguas para que todas las naciones pudieran oírla. Y Hechos 2 dice que los discípulos hablaron en muchas lenguas de modo que miles de judíos venidos de todas las naciones escucharon el mensaje en sus propios idiomas.

El patrón es idéntico. Hechos 2 es un segundo Sinaí.

Pero hay un detalle realmente sorprendete. Cuando el Eterno nos entregó la Toráh en el Sinaí, mientras Moisés estaba en el monte, el pueblo hizo el becerro de oro y cayó en idolatría. Cuando Moisés descendió y enjuició a los idólatras, está escrito que murieron “como tres mil hombres” (Éx 32:28). ¿Cuál es la conexión con Hechos 2? Cuando Pedro se levanta a predicar al Mesías, una multitud se conmueve y hace teshuváh a la emunáh de Yeshúa, el texto dice: «se añadieron aquel día como tres mil personas» (Hch 2:41).

Así es que así como en el shauot del Sinaí tres mil murieron por su pecado, en el shavuot de Jerusalén tres mil vivieron por su arrepentimiento. Ese contraste no es casualidad, es una declaración. En el Sinaí la Toráh fue escrita en piedra y el pueblo falló, mientras que en Hechos 2 la misma Toráh fue escrita en el corazón.

El apóstol Pablo escribió “la letra mata, mas el espíritu vivifica” (2 Co 3:6). Pon mucha atención, porque aquí el cristianismo se equivoca gravemente. Este contraste no significa que la Toráh fue anulada. El problema en el Sinaí no fue la Toráh, el problema fue el corazón de Israel. La Toráh era y sigue siendo santa, justa y buena. Lo que faltaba era un corazón que la quisiera guardar, y eso es exactamente lo que el espíritu vino a habilitar. Ya leímos en Ezequiel que el Eterno puso su espíritu en nosotros ¿para qué? “para que anden en mis estatutos, y que cumplan cuidadosamente mis ordenanzas”. El espíritu de santidad no vino para liberarnos de la Toráh, vino para capacitarnos para cumplirla. Vino a grabar la instrucción del Eterno, no en piedras sino en nuestros corazones.

El día de la entrega de la Toráh en el Sinaí y el día de la venida del espíritu de santidad en Jerusalén son dos momento del mismo moed. Es la misma Toráh, el mismo Elohim, el mismo Shavuot. Lo único que cambió fue el lugar donde la Toráh fue escrita. Antes, fuera del hombre, en tablas de piedra. Después, dentro del hombre, en un corazón nuevo que ama lo que el Eterno ama.

Prepárate para subir al monte dando gracias al Eterno por haberte dado un corazón nuevo: un corazón sensible al espíritu de Elohim, sobre el cual cada shabat se escribe un nuevo capítulo de la Toráh del Padre.

¡Maranatha!