LA MADUREZ DEL TRIGO

Hoy es el día 44 de la cuenta del omer y ya contamos 6 semanas y 2 días. Quedan 6 días para Shavuot y seguimos con la cuenta del omer con este pasaje de Hebreos:

«Acerca de esto tenemos mucho que decir, y es difícil de explicar, puesto que ustedes se han hecho tardos para oír. Pues aunque ya debieran ser maestros, otra vez tienen necesidad de que alguien les enseñe los principios elementales de los oráculos de Elohim, y han llegado a tener necesidad de leche y no de alimento sólido. Porque todo el que solo toma leche, no está acostumbrado a la palabra de justicia, porque es niño. Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal. Por tanto, dejando las enseñanzas elementales acerca del Mesías, avancemos hacia la madurez; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, y de la fe hacia Elohim, de la enseñanza sobre los lavamientos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno. Y esto haremos, si Elohim lo permite». — Hebreos 5:11-6:3

Estos versos están dirigidos a un tipo de discípulo particular: los hermanos que, llevando años en la emunáh, nunca maduran espiritualmente. El autor les dice a estos hermanos que llevan tanto tiempo en la fe que ya deberían ser maestros, sin embargo siguen sin aprender y hay que volver enseñarles los aspectos básicos de la emunáh. Incluso los compara con niños y les dice que todavía hay que darles leche en lugar de alimento sólido. Se trata de adultos espiritualmente infantiles.

La cuenta del omer nos enseña del proceso de madurez del discípulo representado en el trigo. Comenzamos la cuenta en la semana de Pésaj. Esa semana comimos el cordero con panes sin levadura y hierbas amargas que representa nuestra conversión: el arrepentimiento por fe en Yeshúa. Representa el día en que Yeshúa nos encontró, nos determinamos a poner nuestra emunáh en él confiando en sus palabra y obedeciendo sus mandamientos. La cuenta del omer es la cuenta de los días para que el trigo esté maduro. En un año normal, el trigo madurará cincuenta día después de la cebada. En el sentido espiritual debemos ir contando los días de nuestro discípulado, lo que representa la responsabilidad que tiene cada uno de nosotros de alcanzar la madurez a tiempo.

«Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría». — Salmos 90:12

El concepto de madurez nos refiere a la palabra hebrea «tamim» que significa estar completo, estar entero, estar terminado, llegar al fin, ser perfecto. Se trata de avanzar en el discipulado para alcanzar la madurez espiritual (Ef 4:11-13) y esto no se logra estancándose en los mismos problemas y repitiendo los mismos conceptos.

A mí siempre me llamó la atención en el cristianismo que había personas que llevaban veinte, treinta años en la iglesia y seguían basando su emunáh en cosas básicas como el arrepentimiento y la gracia, cometiendo una y otra vez los mismos errores, estancando sus vidas y su crecimiento espiritual.

El autor de Hebreos enumera seis cosas que considera «elementales»: arrepentimiento, fe, lavamientos, imposición de manos, resurrección y juicio eterno. Eso es lo básico, es leche espiritual y es importantísima, pero si llevamos diez años basándo nuestra emunáh sólo en eso, estamos atrofiados espiritualmente... y eso es sólo nuestra culpa. Sólo nosotros podemos cambiar nuestra situación con determinación, obediencia y disciplina.

Estamos a seis días de Shavuot, hermanos. Seis días para terminar esta cuenta del omer que ha sido un tiempo de preparación. Y la pregunta es directa: ¿hemos avanzado? ¿Hoy soy más maduro espiritualmente que en la cuenta del omer del año pasado? ¿Tengo más Palabra en el corazón, más obediencia en mis decisiones, más discernimiento en mis pensamientos? Si la respuesta es sí, demos gracias. Si la respuesta es no, debemos ponernos a trabajar ahora. Estos últimos días pueden ser los más fructíferos de toda la cuenta si los aprovechamos para crecer.

El Eterno no nos llamó para quedarnos en lo elemental. Nos llamó a alcanzar la estatura del varón perfecto, a ser parte de los que reinarán con Yeshúa. Eso no se logra con magia sino con disciplina: ¡Avancemos!

¡Maranatha! Un abrazo.