48. PARASHAT SHOFTIM

Lectura de la Parashát Shoftim

Toráh: Deuteronomio 16:18-21:9
Haftará: Isaías 51:12-52:12
Brit Jadasháh: Mateo 26:47-27:10

SECCIONES TEMÁTICAS

1. Jueces, justicia y tribunales: Deuteronomio 16:18-17:13

Moisés manda nombrar jueces y oficiales en todas las ciudades, que juzguen con justicia, sin torcer el derecho, sin parcialidad ni soborno, pues el soborno ciega los ojos del sabio; «la justicia, la justicia seguirás», para vivir y poseer la tierra. Prohíbe plantar una Aserá junto al altar, levantar una columna que el Eterno odia y sacrificarle un animal con defecto. Si alguien sirve a otros dioses o a los astros, tras investigar bien y con dos o tres testigos —nunca uno solo—, será apedreado. Para los casos demasiado difíciles, subirán al lugar escogido, ante los sacerdotes y el juez; quien desprecie ese veredicto morirá.

2. La ley del rey: Deuteronomio 17:14-20

Moisés prevé que, al entrar en la tierra, Israel querrá un rey como las naciones vecinas. Lo permite, pero con condiciones: será uno que el Eterno escoja, de entre sus hermanos, nunca un extranjero. Ese rey no debe acumular caballos ni hacer volver al pueblo a Egipto para conseguirlos, ni tener muchas mujeres, que desviarían su corazón, ni amontonar plata y oro. Al sentarse en el trono, debe escribir para sí una copia de esta Toráh, tomada de la de los sacerdotes, y leerla todos los días de su vida. Así aprenderá a temer al Eterno, guardará sus palabras, no se enaltecerá sobre sus hermanos y prolongará su reinado.

3. Sacerdotes, levitas y el profeta: Deuteronomio 18:1-22

Moisés recuerda que los sacerdotes y levitas no tienen heredad como las demás tribus: su porción es el Eterno mismo, y viven de las ofrendas y primicias del pueblo. Cualquier levita que se traslade al lugar escogido podrá servir y comer parte igual. Luego prohíbe las prácticas abominables de las naciones: pasar al hijo por fuego, la adivinación, la hechicería, los agüeros, los encantamientos y consultar a los muertos; por eso el Eterno las expulsa. Israel debe ser íntegro con él. En lugar de adivinos, el Eterno levantará un profeta como Moisés, de entre sus hermanos, y a él deberán oír. La prueba: si lo que anuncia no ocurre, no habló el Eterno.

4. Ciudades de refugio y testigos: Deuteronomio 19:1-21

Moisés manda apartar tres ciudades de refugio en la tierra, con caminos preparados, para que el homicida involuntario pueda huir y salvar su vida. Pone el ejemplo de quien, cortando leña, se le suelta el hacha y mata a su prójimo sin odio previo: ese no merece morir, y la ciudad lo protege del vengador de la sangre. Pero el que mata con odio no halla refugio: lo entregan para que muera. Si el Eterno ensancha el territorio, se añadirán otras tres. Prohíbe mover los linderos. Y exige que ninguna causa se decida por un solo testigo, sino por dos o tres; al testigo falso se le hace lo que pretendía hacer a su hermano.

5. Las leyes de la guerra: Deuteronomio 20:1-20

Moisés instruye a Israel sobre cómo actuar en la guerra. Cuando salgan a combatir y vean caballos, carros y un ejército mayor, no deben temer, porque el Eterno va con ellos; el sacerdote anima al pueblo antes de la batalla. Los oficiales mandan volver a casa al que construyó una casa nueva, al que plantó una viña, al recién comprometido y al que tiene miedo. Frente a una ciudad lejana primero ofrecen paz; si la rechaza, la sitian y, tras vencer, toman el botín. A las ciudades de Canaán las destruyen por completo. Durante un asedio prolongado no deben talar los árboles frutales.

6. La expiación del homicidio sin resolver: Deuteronomio 21:1-9

El Eterno da una ley para cuando, en la tierra, aparezca un muerto en el campo y no se sepa quién lo mató. Los ancianos y jueces salen y miden la distancia hasta las ciudades vecinas para hallar la más cercana. Los ancianos de esa ciudad toman una novilla que nunca haya llevado yugo, la bajan a un valle de aguas corrientes y allí le quiebran el cuello. Vienen los sacerdotes, hijos de Leví. Los ancianos se lavan las manos sobre la novilla, declaran que no derramaron esa sangre ni la vieron, y piden al Eterno que perdone a su pueblo. Así quitan la culpa de sangre inocente.

PALABRAS CLAVE

JUECES (shoftim, שֹׁפְטִים) — Deuteronomio 16:18. Shoftim es el plural de shofét, juez, del verbo shafát (Shin-Pe-Tet), que significa a la vez juzgar, gobernar y hacer justicia; por eso los «jueces» del libro de Jueces eran también caudillos que libraban al pueblo. Va emparejado con shotrim, los oficiales que hacían cumplir la sentencia. En 16:18 abre la porción —«Jueces y oficiales pondrás en todas tus ciudades»— y le da nombre: la primera institución que la Toráh manda montar al entrar a la tierra no es un ejército ni un templo, sino tribunales. Fíjate en el detalle: la justicia viene antes que todo lo demás.

JUSTICIA (tzédek, צֶדֶק) — Deuteronomio 16:20. Tzédek (Tzade-Dálet-Qof) es justicia, pero también rectitud, lo que está derecho y en su lugar; se emparienta con tzedaká, que une justicia y misericordia hacia el necesitado. En 16:20 aparece repetida —«tzédek tzédek tirdóf», justicia, justicia perseguirás—, y la doble mención no es adorno: subraya que la justicia se busca con medios justos, no de cualquier modo. El verbo radáf, perseguir, es fuerte: no basta con no ser injusto, hay que ir tras la justicia como quien persigue algo que se escapa. La recompensa que sigue —«para que vivas y heredes la tierra»— ata la permanencia del pueblo en la tierra a cómo trate al débil en sus tribunales.

COPIA DE LA TORÁH (mishné haToráh, מִשְׁנֵה הַתּוֹרָה) — Deuteronomio 17:18. Mishné viene de shaná (Shin-Nun-Hei), repetir o duplicar, de donde también salen sheni, segundo, y Mishnáh; mishné haToráh es «una copia de esta Toráh». En 17:18 el rey, al sentarse en su trono, debía escribir para sí una copia de la Toráh y leerla todos los días de su vida, para no ensoberbecerse sobre sus hermanos. Hay aquí un dato de nombre: cuando los traductores griegos vertieron esta frase, entendieron mishné como «segunda ley» (Deuteronomion), y de ahí quedó el nombre «Deuteronomio» para todo el libro. El rey de Israel no está por encima de la Toráh sino debajo de ella: es el único monarca del mundo antiguo obligado por ley a copiarse a mano el libro que lo juzga.

NIGROMANTE (ov, אוֹב) — Deuteronomio 18:11. Ov nombra al que evoca a los muertos, el médium; su etimología se discute —hay quien la liga a un odre hueco, por el sonido apagado de la voz del evocador—, pero no tengo certeza del origen. Va en una lista de prácticas prohibidas junto a yidoní, el adivino, y «doresh el hametim», el que consulta a los muertos. En 18:9-12 la Toráh llama a todo esto toeváh, abominación de las naciones, y ordena a Israel no imitarlo al entrar a la tierra. Ojo con el fondo: la Escritura prohíbe consultar a los muertos porque los muertos no saben nada ni hablan (Eclesiastés 9:5); no hay almas de difuntos rondando disponibles para ser interrogadas, y buscar respuestas por esa vía es a la vez fraude y traición al Eterno.

ÍNTEGRO (tamim, תָּמִים) — Deuteronomio 18:13. Tamim (Tav-Mem-Mem) es lo entero, completo, sin defecto; la misma palabra describe al animal «sin mancha» apto para el sacrificio, frente a mum, el defecto que lo descalifica. Aplicado a personas es la integridad, un corazón sin doblez, todo de una pieza. En 18:13, justo después de prohibir la brujería y la adivinación, el texto ordena: «tamim tihyé con el Eterno tu Elohim», íntegro serás con Él. El contraste es preciso: en vez de andar buscando poderes ocultos y respuestas por vías torcidas, camina completo y confiado con el Eterno. La integridad, y no el conocimiento secreto, es lo que Elohim pide.

PROFETA (naví, נָבִיא) — Deuteronomio 18:15. Naví (Nun-Bet-Alef) es el profeta, el vocero; la raíz apunta al que es llamado a hablar de parte de otro, no el que inventa su mensaje sino el que lo recibe y lo transmite. En 18:15-19 el Eterno promete «un naví como tú (Moisés) levantaré de en medio de tus hermanos... a él oiréis». En su primer sentido asegura una sucesión de profetas verdaderos frente a los adivinos recién prohibidos, pero apunta más allá, a un profeta como Moisés, único en su cercanía con Elohim. La Brit Jadasháh lee esta promesa cumplida en Yeshúa: Kefa (Pedro) la cita directamente en Hechos 3:22-23, y el pueblo lo reconoce como «el profeta que había de venir» (Juan 6:14).

TESTIGOS (edim, עֵדִים) — Deuteronomio 19:15. Edim es el plural de ed, testigo, de una raíz ligada a repetir, atestiguar, dar constancia. En 17:6 y de nuevo en 19:15 la Toráh fija la regla: ningún cargo se sostiene «por boca de un solo testigo», sino «por boca de dos o tres testigos». Un testigo solo puede mentir o equivocarse; por eso se exige más de una voz para condenar, y al testigo falso, el ed zomém que tramó contra su prójimo, se le hace «lo que él pensaba hacer a su hermano». Este principio cruza toda la Escritura: Yeshúa lo aplica a la disciplina entre hermanos (Mateo 18:16) y Shaúl (Pablo) lo repite (2 Corintios 13:1).

OJO POR OJO (ayin tájat ayin, עַיִן תַּחַת עַיִן) — Deuteronomio 19:21. Literalmente «ojo a cambio de ojo»: ayin, ojo; tájat, en lugar de, debajo de, a cambio de. La fórmula «vida por vida, ojo por ojo, diente por diente» expresa el principio de justicia proporcional: el castigo se ajusta al daño, ni más ni menos. Fíjate que en su origen es una ley que limita la venganza, no que la incita: pone un techo e impide que por un ojo se cobre una vida. Hay debate antiguo sobre si se aplicaba al pie de la letra o como compensación económica equivalente, y no lo zanjo aquí. Yeshúa retoma la frase en el sermón del monte (Mateo 5:38-39): no anula la justicia del tribunal, pero le prohíbe al discípulo usarla como excusa para la revancha personal.

DATOS DE INTERÉS

  • El nombre viene de 16:18: «Nombrarás jueces y oficiales en todas tus ciudades». El hebreo dice literalmente «en todas tus puertas» (shaareja), porque la puerta de la ciudad era el tribunal. Allí se sentaban los ancianos a juzgar. El mandato culmina en 16:20 repitiendo la palabra: tzedek tzedek tirdof, «la justicia, y solo la justicia buscarás». El mandamiento es claro: persigue la justicia por medios justos: el fin no santifica los medios.

  • Aquí está una de las leyes más asombrosas del mundo antiguo: la ley del rey (17:14-20). El rey de Israel no está por encima de la Toráh, sino bajo ella. No debe «tener muchos caballos» ni «muchas mujeres» ni acumular oro (17:16-17), y debe escribir «una copia de esta ley» y leerla «todos los días de su vida» (17:18-19). Donde el rey solía ser la ley, aquí el rey obedece la ley. Muchos años más tarde, Salomón rompería los tres límites.

  • Al entrar, Israel no debía aprender las «abominaciones» de las naciones: pasar hijos por el fuego, adivinación, hechicería, y ser «espiritista» o «quien consulte a los muertos» (18:10-11). Consultar a los muertos está prohibido porque es imposible: los muertos no hablan, no hay un alma consciente vagando. La necromancia es fraude o peor aún: una puerta para caer en el engaño de entidades demoníacas. El Eterno se da a conocer por profetas alineados con su palabra, no por médiums.

  • En medio de esas prohibiciones aparece la promesa: «Un profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará el Eterno tu Elohim; a él oirán» (18:15). Un profeta «como Moisés». La tradición judía esperó a ese profeta, y el Brit Jadasháh lo identifica con Yeshúa (Hechos 3:22; Juan 6:14). No un médium que arranca secretos a los muertos, sino un profeta que trae la palabra viva del Eterno.

  • ¿Y cómo saber si un profeta es de verdad? El texto da una prueba concreta: «Cuando un profeta hable en el nombre del Eterno, si lo que fue dicho no acontece ni se cumple, esa es palabra que el Eterno no ha hablado» (18:22). La habló «con arrogancia». Es el complemento de la porción pasada: allá, ni un milagro cumplido valida a quien te lleva a otros dioses; acá, una profecía fallida delata al falso.

  • La Toráh manda apartar ciudades de refugio (19:1-13): quien mataba a alguien «sin intención» podía huir allí y salvarse del goel hadam, el «vengador de la sangre», el pariente que buscaba venganza. Los caminos debían prepararse para que el homicida involuntario llegara a tiempo. Es un freno a la venganza en caliente: distingue el asesinato accidental. Muchos ven ahí una imagen del refugio que da el Mesías al que corre a él.

  • Un versículo breve pero enorme: «No moverás los linderos de tu prójimo, fijados por los antepasados» (19:14). En un mundo sin cercos ni registros, mover de noche una piedra de límite era robar tierra sin que se notara. Por eso más adelante hay una maldición sobre el que lo hace (27:17). El Eterno protege al vecino incluso del robo silencioso, del que nadie ve.

  • Nadie puede ser condenado por el testimonio de un solo testigo: «El caso será confirmado por el testimonio de dos o tres testigos» (19:15). ¿Y el testigo falso? Se le hace «lo que él intentaba hacer a su hermano» (19:19). Aquí aparece el famoso «ojo por ojo, diente por diente» (19:21). Esta no es licencia para la venganza personal, es una regla para los jueces: el castigo debe ser proporcional, ni más ni menos. Se trata de compensación no de mutilación.

  • Las leyes de guerra tienen un lado humano que sorprende (20:1-9). Antes de la batalla, los oficiales mandan de vuelta a casa al que edificó casa nueva y no la estrenó, al que plantó viña y no la disfrutó, al recién comprometido que no se casó, y también al que tiene miedo, para que no contagie su temor a los demás. La guerra no muele a la gente: la vida, la casa y el amor pesan más que la conquista.

  • En un asedio, cuando talar cada árbol para máquinas de guerra sería lo normal, la Toráh frena: «no destruirás sus árboles metiendo el hacha contra ellos... pues de ellos puedes comer» (20:19). Y agrega una frase curiosa: «¿es acaso el árbol del campo un hombre para que le pongas sitio?». El árbol no es tu enemigo. De aquí los sabios sacaron el principio bal tashjit, «no destruirás»: no arruines sin necesidad lo que da vida.

  • Cierra con un rito extraño: si aparece un muerto en el campo y no se sabe quién lo mató, los ancianos de la ciudad más cercana desnucan una becerra en un valle, se lavan las manos sobre ella y declaran: «Nuestras manos no han derramado esta sangre, ni nuestros ojos han visto nada» (21:1-7). Fíjate en el gesto de lavarse las manos ante una muerte: el mismo que hará Pilato con Yeshúa. La comunidad entera se hace cargo de la sangre inocente; nadie mira a otro lado.

  • La Haftaráh, cuarta de consolación, trae una imagen preciosa: «¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas... y dice a Sion: “Tu Elohim reina!”» (52:7). Esa «buena nueva» en hebreo es besoráh, la raíz de la que viene «evangelio». El mensajero corre por los cerros a anunciar que el Eterno reina. Pablo cita este verso al hablar de quienes anuncian el mensaje del Mesías (Romanos 10:15).

  • Y luego, un llamado a separarse: «Apártense, apártense, salgan de allí, Nada inmundo toquen» (52:11). Es la voz del Eterno diciéndole a su pueblo que salga de Babilonia y no se contamine con lo impuro. Pablo lo aplica a los creyentes (2 Corintios 6:17) y resuena en Revelación 18:4, «salgan de ella, pueblo mío». El hilo con Shoftim es directo: no aprendas las abominaciones de las naciones; sal de en medio de ellas.

  • El Mesías fue vendido por «treinta piezas de plata» (26:15; 27:3). Fíjate en el monto: treinta siclos era, en la Toráh, el precio de un esclavo corneado por un buey (Éxodo 21:32). Al Mesías lo tasaron como a un esclavo. Judas, con remordimiento, arroja la plata en el templo; con ella compran el «Campo del Alfarero», que fue llamado «Campo de Sangre» (27:6-8). Mateo ve ahí una profecía cumplida (27:9-10), cuyas palabras se parecen sobre todo a Zacarías 11:12-13.

  • El nudo de Shoftim: «los principales sacerdotes y todo el Concilio procuraban obtener falso testimonio contra Él... a pesar de que se presentaron muchos falsos testigos» (26:59-60). Los jueces de Israel, que debían exigir dos testigos verdaderos y castigar al testigo falso (Deuteronomio 17 y 19), buscaron testigos falsos para condenar al inocente. La Toráh de los jueces fue pisoteada por los jueces mismos para matar al Mesías.

PREGUNTAS PARA ESTUDIO

  1. ¿Qué exige Moisés de los jueces al prohibir el soborno y la parcialidad, y por qué crees que mandó subir los casos más difíciles al tribunal del lugar escogido?

  2. ¿Qué tres cosas tiene prohibido acumular el rey y qué debe escribir y leer a diario, y por qué crees que esa Toráh propia lo protegía de enaltecerse sobre sus hermanos?

  3. ¿Qué pone el Eterno en lugar de la adivinación de las naciones, y por qué crees que da como prueba del verdadero profeta que se cumpla lo que anuncia?

  4. ¿Qué diferencia al homicida que halla refugio del que no, y por qué crees que al testigo falso se le aplicaba el mismo daño que buscaba causar a su hermano?

  5. ¿Por qué se manda volver a casa al que tiene miedo, y qué efecto crees que buscaba eso en el ejército?

  6. ¿Qué declaran los ancianos al lavarse las manos sobre la novilla, y qué quieren dejar en claro con esas palabras?

  7. ¿Qué noticia trae el mensajero de «hermosos pies sobre los montes», y por qué esa noticia es la que por fin consuela a Sion?

  8. ¿Qué buscaban los que juzgaron a Yeshúa cuando llamaron testigos falsos, y por qué eso choca de frente con la justicia que la Toráh exige?