Parasháh N° 28 · VAIKRA

Metzoráh

מצורע

Domingo, 11 de abril del 2027 · 5 min

Metzoráh

Lectura de la Parashát Metzoráh

Toráh: Levítico 14:1-15:33
Haftará: 2 Reyes 7:3-20
Brit Jadasháh: Romanos 6:8-23

SECCIONES TEMÁTICAS

1. La purificación del afectado por tzaraat: Levítico 14:1-32

El sacerdote sale fuera del campamento a ver al que fue sanado. Manda tomar dos aves vivas y limpias, madera de cedro, grana e hisopo; degüella una sobre una vasija de barro con agua corriente, moja en su sangre la otra ave, rocía siete veces al que se purifica y la suelta al campo. El hombre lava sus vestidos, se rapa todo el pelo y se baña, y entra al campamento, pero queda siete días fuera de su tienda. Al octavo día trae dos corderos y una oveja, y se le pone sangre en la oreja, el pulgar y el pie.

2. La tzaraat en las casas: Levítico 14:33-57

Cuando entren en la tierra de Canaán y aparezca una plaga en una casa, el dueño avisa al sacerdote diciendo que algo como una plaga se ve en su casa. Antes de entrar, el sacerdote manda desocuparla, para que no quede impuro todo lo que hay dentro. Luego examina: si hay manchas verdosas o rojizas hundidas en la pared, cierra la casa siete días. Si la plaga creció, manda arrancar esas piedras, raspar todo alrededor y reponer con piedras y barro nuevos. Si vuelve a aparecer, la casa se derriba entera y todo se saca fuera de la ciudad, a un lugar impuro.

3. Las impurezas por flujos corporales: Levítico 15:1-33

Se trata la impureza que producen los flujos del cuerpo, en el hombre y en la mujer. El que tiene flujo queda impuro, y también lo que se sienta o se acuesta encima; quien toque esas cosas lava sus vestidos, se baña y queda impuro hasta la tarde. La vasija de barro que toque se quiebra y la de madera se enjuaga. Cuando el flujo cesa, cuenta siete días, lava sus vestidos, se baña en agua corriente y al octavo trae dos tórtolas. Se dan reglas semejantes para la mujer en su período y para la que tiene flujo fuera de tiempo.

PALABRAS CLAVE

El afectado = metzorá (מְצֹרָע)

Levítico 14:2. Es la forma participial de tzaráat: el que la padece. La tradición ha jugado con la semejanza entre metzorá y motzí ra, «el que saca el mal», por la asociación entre esta condición y la palabra dañina. En el texto da nombre a la porción, y lo primero que se dice es «esta será la ley del metzorá en el día de su purificación». La ley no lo define por su mal, sino por el día en que sale de él.

Hisopo = ezóv (אֵזוֹב)

Levítico 14:4. Es una planta pequeña y común, de tallo leñoso, que crece hasta en las grietas de los muros. Aparece en la noche de Pésaj para untar la sangre en las puertas, y también en el rito de la vaca roja. En el texto se usa junto con madera de cedro, que es lo más alto, y con la grana. La combinación de lo más grande con lo más humilde recorre los tres ritos de purificación de la Toráh.

Agua viva = máyim jayím (מַיִם חַיִּים)

Levítico 14:5. La expresión dice literalmente «aguas vivas», y nombra el agua corriente de manantial, no la estancada de una cisterna. Se relaciona con la idea de lo que se mueve por sí mismo y por eso no se corrompe. En el texto, una de las aves se degüella sobre una vasija de barro con esa agua, y en ella se mezcla la sangre. Los profetas usarán después la misma expresión para hablar del Eterno como fuente.

Flujo = zav (זָב)

Levítico 15:2. De zuv, fluir o manar; nombra al que tiene un flujo del cuerpo. La misma raíz aparece en la descripción de la tierra que mana leche y miel. En el texto designa una impureza que no supone falta ni pecado: es una condición del cuerpo, y el remedio es tiempo, agua y una ofrenda. La Toráh legisla el cuerpo sin avergonzarlo.

Apartamiento = nidáh (נִדָּה)

Levítico 15:19. De nadád, apartarse o alejarse; describe el período de separación de la mujer durante su menstruación. La misma raíz aparece en el ave que huye y en el desterrado. En el texto se le dedica un pasaje breve y sin juicio, dentro de la misma sección que trata los flujos del hombre. Los profetas usarán después la palabra en sentido figurado para hablar de impureza moral.

DATOS DE INTERÉS

  • El rito de purificación no empieza en el santuario sino fuera del campamento: el sacerdote sale a ver al excluido. El que quedó afuera no puede entrar a buscar su propia restitución.

  • Se toman dos aves: una se degüella y la otra se suelta viva al campo. Es el único rito de la Toráh en que un animal usado en la ceremonia queda libre.

  • El cedro es el árbol más alto de la región y el hisopo una mata que crece en las grietas de los muros. Los dos se usan juntos aquí, y también en el rito de la vaca roja de Números 19.

  • La tzaraat de las casas solo aplica «cuando entren en la tierra de Canaán». Es una ley que no podía cumplirse en el desierto, donde el pueblo vivía en tiendas.

  • El sacerdote manda desocupar la casa antes de entrar a examinarla. Rashi anota que la Toráh se preocupa incluso por objetos de poco valor, que quedarían impuros si estuvieran dentro al momento de la declaración.

  • La tradición asocia la tzaraat con el lashón hará, la palabra que daña, a partir del episodio de Miryam en Números 12. De ahí el juego entre metzorá y motzí ra, «el que saca el mal».

  • La purificación del flujo exige agua viva, es decir, corriente de manantial, y no agua estancada. Es uno de los pocos lugares donde el texto especifica qué clase de agua se usa.

PREGUNTAS PARA ESTUDIO

  1. ¿Por qué tiene que salir el sacerdote del campamento para este rito, y qué pasa con cada una de las dos aves?

  2. ¿Qué manda hacer el sacerdote antes de entrar a examinar la casa, y para qué sirve esa precaución?

  3. ¿Qué pasos debe seguir alguien cuando su flujo cesa, y en cuántos días?

  4. ¿Qué descubren los cuatro leprosos a la puerta de la ciudad, y qué deciden hacer con lo que hallaron?

  5. ¿A qué compara Pablo el pecado cuando habla de a quién sirve una persona, y qué contrasta con eso?